jueves, 7 de marzo de 2013

Periodismo deportivo


Todos conocemos la persecución que sufren algunos entrenadores y futbolistas por parte de la prensa. Una prensa; en especial la deportiva, aunque no la única; que cada vez cobra más peso y gana más poder. Lo que diga el Roncero o Segurola de turno se repite en los bares y aledaños de los estadios semana tras semana. La portada del Marça ha incluso conseguido que se eche a una persona de su puesto de trabajo, porque en su opinión, éste no lo estaba haciendo lo suficientemente bien. La prensa actúa interesadamente. Y lo que les interesa es lo que vende, pero sobre todo, lo que les da poder en menesteres que no les incumben. Ellos deberían dedicarse a informar, el fin de su "amada" profesión, pero por el contrario se dedican a desestabilizar opinando y especulando, porque a ellos no les viene bien que fulanito juegue o menganito entrene.
El amiguismo, el compadreo, es lo que rige hoy en día en el periodismo deportivo. Un entrenador que no come con periodistas, que no toma copas con ellos, que no les pasa la mano por el lomo, que no filtra información del vestuario ni entra de madrugada en programas de radio para mayor gloria y audiencias del comunicador de turno es un entrenador al que se persigue. De ahí la inquina a Don José Mourinho.
Pobre periodismo deportivo de mantel…

Bernal A.

martes, 5 de marzo de 2013

Cambios

Vivimos en una sociedad en la que está bien cambiarse de todo, y todo el mundo lo hace. Cambiarse de casa es lo más normal. Incluso cambiar de ciudad. Uno puede cambiarse de partido político y no pasa absolutamente nada. "Pues habrá meditado, digo yo" se puede oír cuando ocurre eso; o "Mira ese, que sale rebotado". Incluso, se dan casos de cambios de religión y nadie en la sociedad se atreve a prejuzgar. Conversiones al catolicismo de budistas, ateos, musulmanes, hindúes .. e incluso viceversa. Será posible, que hasta cambiar de marido/mujer no está en absoluto mal visto hoy en día. En España se realizan más de cien mil divorcios al año, en otras palabras, casi trescientos al día y no se oye a la gente quejarse ni lamentarse.

Sin embargo, y aquí es a donde quería llegar, uno no se puede cambiar de una cosa, solo una. DE EQUIPO DE FÚTBOL. Ay del que se cambie de equipo... Sea jugador cambiándose al rival o un mero aficionado a cualquier otro, ese es declarado anatema hasta la eternidad. Traicionar así a tu gente, a tus colores, a la afición, al club. Eso, incluso en esta sociedad que no te mira mal porque te cambies de nada, está fatal visto. Y normal que lo esté.

Bernal A.

domingo, 3 de marzo de 2013

El pueblo

Muchos tenemos un pueblo. Para los desafortunados que no sepáis lo que es eso, los que veraneáis en grandes ciudades costeras, no sabéis lo que os perdéis.

El pueblo es otro mundo, es como cambiar de país, de civilización. Es rústico en su arquitectura, pero sobre todo en sus habitantes. Su edad media es de como 65 años. Las mujeres, solo se las ve por la mañana. Van a la compra y/o a Misa y los domingos por la mañana, al mercadillo; y no se las ve más. Los hombres, su día en una palabra: el bar. No sé si en el pueblo de los que lo tengáis también pasa, pero en el mío, de menos de mil habitantes, hay 15 bares. Por cada sesenta barbas, un bar. Increíble, pero cierto.

El resto de comercios que se ven en el pueblo son tienduchas de alimentación o pequeños supermercados, que no se sabe cómo lo hacen, pero nunca echas de menos el género del Corte Inglés. Siempre tienen todo lo que necesitas. En el pueblo también hay panaderías. El mío, que parece ser un caso especial, tiene unas cinco. Creo que en Pozuelo hay menos.  ¿Cómo puede haber cinco panaderías para 800 habitantes? No se sabe.

Por último, están los chavales del pueblo. De pequeños son unos auténticos gamberros. Se dedican a destrozar todo lo que ven y a insultar a los intrusos que venimos de la ciudad solo para el verano. Una vez me dijeron "mírale qué culto" por que dije fortísimo en vez de "fuertísimo". En fin, cosas del pueblo y sus encantos.

Bernal A.

miércoles, 20 de febrero de 2013

La música

Hace algunos años oí que la música es el único arte capaz de emocionar. Al principio pensé, qué tontería, pero es absolutamente cierto. Ahora algunos pensaréis en alguna escena de un película que os emocionó muchísimo. Yo digo, que sin la música que había de fondo en ese momento el resultado no habría sido el mismo. La pintura, la escultura, el teatro... todos son artes, pero, en mi opinión, requieren de formación para llegar a apreciarlos, y de una sensibilidad cultivada con el tiempo. El baile, sin la música no tendría sentido.


El ser humano necesita de la música. Antes de pintar en las paredes de las cuevas, nuestros antepasados les cantaban nanas a sus hijos y celebraban rituales con percusión y cánticos. Los niños, antes de hablar, ya tararean las canciones que escuchan en el coche. Todo hombre o mujer disfruta de la música. Apreciará más un tipo u otro, pero lo que es indudable es que es capaz de cambiar el estado de humor, de emocionar y hacer disfrutar como ningún otro arte lo consigue.

Bernal A.

domingo, 17 de febrero de 2013

Una Breve Historia de Casi Todo


Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson es un libro que te abre los ojos ante la realidad. No podemos ser conscientes de lo complejo que es el universo y lo difícil que es que tengamos existencia hasta haberlo leído.

Nada más empezar el prólogo ya es sorprendente. El ser humano está formado por millones de átomos ordenados de una forma muy especial, incluso irrepetible, que hace que tenga vida. Lo extraño es que, esos átomos, por sí solos u ordenados de otra forma, no constituyen nada parecido a un hombre, ni siquiera a un ser vivo. Esto es lo más maravilloso de la vida y lo que nos hace plantearnos la existencia de un Creador que la haya instaurado en la Tierra. Las probabilidades de que haya otro planeta que reúna esos requisitos son demasiado remotas para que lo que descubramos. Por ello, ¿no tiene sentido hablar de un Dios que dirija todo?

En mi opinión y por lo leído en el libro, sí. El mundo es perfecto. Lo rigen miles de leyes que lo hacen funcionar a la perfección desde hace millones de años. Siempre se ha oído eso de que la naturaleza es muy sabia. ¿Y si es Dios el que lo es?

lunes, 4 de febrero de 2013

Ponerse malo

Ayer por la noche, justo cuando me metí en la cama, empecé a sentir que me encontraba mal. Tenía agujetas por todo el cuerpo y me dolía la tripa muchísimo. Al principio le eché la culpa al pollo al curry que había preparado mi tía antes de ayer, pero pronto empecé a maquinar...

Quién no lo ha hecho. Por la noche empiezas a notar que algo no va bien y empiezas a planear tu no-ida al cole del día siguiente. Pues dicho y hecho. Planeé, pero sin mucha esperanza; porque en realidad no me encontraba tan mal. La sorpresa ha llegado esta mañana. Me despierto y, como en mis mejores sueños, me sigo encontrando mal. Bastante mal. Le digo a mi padre que no voy al cole y él acepta sin rechistar. Me duermo otra vez y cuando me despierto a las 12:45 me siento como si un hombre de color me hubiera hecho una visita a las 11 y me hubiera dejado muy perjudicado. Ya sabéis a lo que me refiero. Dolor en todo el cuerpo, especialmente la cabeza, y el dichoso pollo al curry todavía haciendo efecto en mis intestinos. Muy desagradable todo.


Al final ha resultado que gracias al teatrillo (tampoco tanto, en verdad) que le he echado esta mañana a las 9:30 me he librado de pasar el peor día de mi vida en el cole. Aún así, lo he tenido que pasar en casa, con mi hermana y su amiga no dejándome dormir en el sofá de mi salón; hablando ellas de temas interesantísimos y muy relevantes. Bueno, pues todavía no he probado bocado después del pollo de ayer, miedoso de que tenga un resultado parecido a mi malestar general. Sinceramente, habría preferido ir al colegio que pasar el día que estoy pasando aquí, sobre todo escuchando a mi hermana. Supongo que "karma is a bitch".

sábado, 2 de febrero de 2013

Don Sami Khedira

Aquellos que me conozcáis sabréis que hay un jugador de fútbol, entre los muchos que aprecio, que me gusta especialmente. No es otro que Sami Khedira.

Cuántas veces he podido oír desde que el alemán llegó al Madrid los típicos "Pero si ese es un patapalo", "No sabe tocar la pelota, se tropieza con sus propios pies" o "Teniendo a Granero cómo puede sacar al paquete ese". Es muy sencillo. Sami Khedira es un luchador, un atleta y sobre todo, un jugador inteligentísimo. Es esa clase de mediocentro que nunca pierde la posición, que siempre se ofrece para recibir y que todo lo que hace es por y para el equipo. Es un gladiador desinteresado que, a pesar de lo que muchos creen, no se dedica a defender y pegar patadas. Corre y corre, se desmarca, toca, pone centros, tira y luego vuelve.

Todo esto me sirve para analizar un problema mucho más serio y profundo: los prejuicios. Don Sami, como a mí me gusta llamarlo, llegó al Madrid después de hacer un gran Mundial. El problema es que nadie lo sabía. Nadie conocía a este alemán con pinta de musulmán; grande, tosco y con expresión seria. Si el chaval llega a ser bajito, "humilde" con muchísimo toque y, por supuesto, de "La Roja", o al menos español; otro gallo habría cantado en su momento. Nadie lo apreciaba ni se fijaba en lo que hacía, porque lo que importaba era que le quitaba el sitio a Granero, español y canterano; el ideal de futbolista que todos sueñan con tener en sus filas. El Real Madrid no quiere tener españoles y canteranos en su plantilla. Como ya instauró Don Santiago Bernabéu, el Madrid solo quiere a los mejores del mundo, sean de Albacete o de Las Islas Caimán.

Así que, tanto en el fútbol como en la vida, no podemos juzgar algo nuevo porque "me lo esperaba de otra forma" o "yo quería otra cosa". Hay que amoldarse y apreciar lo que recibimos, aunque no fuera exactamente lo que queríamos. Es igual que la comida: "He probado chuletones mejores". Qué pasa, ¿que el que te estás comiendo no está bueno? Es muy posible que sí; pero son las comparaciones las que nos matan.